… y otra pizca más
1 de Diciembre, 2009Pues si, el vino tiene un antes y un después en su historia. Algo que marcó un punto de inflexión sin precedentes, y a la que difícilmente se puede igualar. Todo en base a su conservación.
Claro, uno piensa cómo se podían conservar los caldos en épocas de los romanos, o de los griegos. Imaginemos los envases que se usaban, su transporte y los sabores del vino…Vinos a los que se añadían hierbas aromáticas, o se diluían en agua para poder ser consumidos. Pero en el siglo XVIII se comenzó a usar un componente que aseguraba la conservación del vino por combustión en los envases, el azufre. Así es, quemando una mecha de azufre, se consigue un compuesto que se usa hasta nuestros días, el sulfuroso. Fijaros en la contraetiqueta de los vinos donde se señala “contiene sulfitos”.
Entonces ¿qué vinos triunfaban antes del S XVIII? -Los vinos con gran contenido en alcohol. Y, ¿por qué? - Porque un alcohol elevado en el vino evita la proliferación de microorganismos. La transformación del mosto en vino, se debe a varias actuaciones producidas por microorganismos. Estos, levaduras y bacterias, transforman el azúcar en alcohol (microorganismos “buenos”) y el alcohol en ácido acético (vinagre), claramente los “malos”.
Por ello, en época de los romanos estaba tan en uso los vinos de Jerez, que aguantaban el transporte y consumo en el tiempo. Vinos con elevadas graduaciones alcohólicas que adquirieron grandísima fama.
Y fijaros en el increíble dato del monte Testaccio en Roma. Se trata de una colina artificial, compuesta por 26 millones de ánforas romanas con origen, la gran mayoría de ellas, en la zona de Cádiz, antiguo Gadir.




