Nuestro Objetivo

ENTIENDE EL VINO

Una botella de vino, un sacacorchos, dos copas,... poco más que añadir al momento que se avecina. Tal vez algo de comer, algo que potencie el caldo que estamos a punto de descubrir, un vino que amplifique los sabores que vamos a combinar,... la conversación está servida, el éxito de la velada, la merienda, la comida está garantizado.

Cuantos momentos en torno a una botella de vino, cuantas celebraciones, cuantas charlas apasionadas. Cojo el teléfono pues me llama mi amigo el sibarita, a ese que no se le escapa una marca, una novedad, una variedad a conocer,... .-oye, ¿nos hablamos una botella de vino?-  Lo primero es sonreir. Respondo con otra pregunta  - ¿a qué hora te viene bien?-

Mi objetivo, como humilde apasionado del vino, de la bodega, de la vid, de la tierra y del paisaje, no es que aprendamos juntos las marcas y los nombres, que sepamos de cosechas y de calificaciones, sino que seamos capaces de entender el vino. Entenderlo desde su historia tan ligada a la nuestra, desde el viñedo que alimenta la uva, desde la bodega que lo mima y lo transforma, desde la barrica y la botella que lo crían y lo ensamblanâ... y saber a qué se deben los tonos de su color, a qué se debe su aroma embriagador, como entender y descubrirá  sus infinitas y complejas sensaciones en boca.

El vino, conocido y extraño compañero. Tantos momentos juntos a lo largo de la historia, tantos años de futuros decubrimientos, tanto tiempo aún para desenlazar los misterios que te aureolan.

Alejandro López, Enólogo.


 
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Se trata de un concepto, de una clasificación básica para definir un estilo y un proyecto. Son dos orientaciones diferentes a la hora de marcar las líneas básicas por las que debe circular el trabajo desde el viñedo, pasando por la elaboración y crianza hasta la botella. Se trata de dos formas de entender y respetar el vino, con amantes y detractores de ambas vertientes.

Cuando hablamos de un vino Clásico, se trata de vinos con una ligera capa de color, con tonalidades rojo teja y ribetes anaranjados, aromas delicados que encierran una infinidad de características que se acentúan con el mantenimiento del vino en copa permitiendo su apertura y aireación,  ligeras frutas y refinados recuerdos a vainilla y frutos secos, una entrada en boca aterciopelada, con un fondo redondo y estructurado a la par que delicado, con taninos dulces ligeros y poco presentes, y una tremenda persistencia que mantiene el recuerdo en boca del vino en el tiempo.

 

Foto de Bodegas Bilbainas en Haro

 

Este tipo de vinos corresponden a unas características buscadas en viñedo y trabajadas en bodega, con vinos sin excesiva graduación y elevada acidez, con limitada extracción de color, que permanecen en barricas durantes varios años (incluso décadas) donde son trasegados metódicamente para que limpien con el tiempo, y donde el periodo de reposo en botella se realiza durante años, aportando el ensamblaje final de sus características.

Los encontramos en botellas de añadas antiguas que son conservadas en bodegas con solera, con brillantes cosechas que se conservan desde antes de los años ’40,  con excepcionales añadas hasta los ’80.

Estas eran las pautas de elaboración que se gestaban en aquellas épocas, buscando vinos que demandaba el consumidor y que perduraran en el tiempo para ser degustados en excelentes condiciones a muchos años vista. No olvidemos que el proceso que se realiza en bodega con un vino es el de asentarlo y prepararlo para envejecer. Largas estancias en barrica y trasiegos no son más que una manera de preparar los vinos para que perduren en el tiempo.

Actualmente hay bodegas que se inclinan por la vertiente clásica, normalmente Bodegas Centenarias, manteniendo los mismos métodos de trabajo que antiguamente se realizaban en viñedo y en bodega, y abarcando un mercado muy característico como es el de los vinos clásicos.

 


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