Después de unos meses de inactividad, retomamos nuestra serie de artículos sobre el vino con un tema muy interesante y que seguro que os ayudará en muchos momentos, ¿Cómo hacer que la experiencia sensorial para disfrutar el vino sea perfecta?
Cuando nos enfrentamos a una agradable velada de la que somos anfitriones y tenemos que obsequiar a nuestro
s invitados con alguna botella de vino, queremos que todo salga bien y que no haya nada que enturbie la experiencia. Cada uno de los invitados y nosotros mismos (lo más importante es que disfrutemos nosotros mismos, que somos los que lo preparamos, ¿no?) tenemos unos sentidos que entran a formar parte de lo que llamamos “experiencia sensorial”, ya que no sólo influye el gusto (o paso en boca), sino que influye el olfato y casi el más importante, la vista.
Sabemos que puede ser un poco rompedor, decir que la vista es probablemente el más importante, pero tenemos que tener en cuenta que de todos nuestros invitados probablemente casi ninguno sea un experto en vino, y que el sentido que más información les dará sobre nuestros vinos es la vista, ya que se fijarán en la copa, la botella, la forma de descorchar, la “lágrima”, el color, la nitidez, el brillo,… e incluso para un experto, la vista también le dice muchas cosas de un vino.
Ahora bien, los conocimientos que podéis adquirir, administrarlos con medida, porque a veces no hay nada más pedante que alguien que en cuanto se sienta a la mesa, empieza a sentar cátedra sobre el vino. Es mucho más interesante y sabio, no empezar las conversaciones sobre el vino, dejar que alguien lleve la voz cantante, y sólo apuntar algunos comentarios interesantes y que aporten contenido de verdad.
Así que empezaremos dando algunos consejos para complacer al que es el sentido más desarrollado y utilizado de forma general por las personas: la vista.
Lo primero a tener en cuenta, la botella. La temperatura de servicio, varía en función del tipo de vino y de los gustos de los comensales y se debe evitar la condensación (contrastes fuertes de temperatura en ambientes húmedos que provocan condensación) para que la botella quede siempre limpia. Además, se debe tener en cuenta que en invierno la temperatura puede ser unos grados más alta, mientras que en verano, debería ser algo más baja, con 2 o 3 grados de diferencia. Como regla general, se puede establecer lo siguiente:
- Vinos blancos. Fríos pero no demasiado porque restarían aromas. Entre 8 y 12 grados es suficiente. Si lo tenemos en el frigorífico (normalmente entre 4 y 8 grados), conviene sacarlo un poco antes.
- Vinos tintos jóvenes. Entre 15 y 18 grados.

- Vinos con crianza. Entre 17 y 20 grados. Los aromas a madera conviene que no estén muy fríos, o perderían matices.
- Cavas y Champagne. Entre 6 y 10 grados. Si tenemos cubitera para ponerlo con hielos, perfecto.
Hay muchos tipos de botellas, pero las más básicas son las que se pueden apreciar en la imagen, Burdeos, Borgoña y Rhin.
Debe estar limpia (sin polvo, telarañas,…) y con la cápsula completa, se debe abrir siempre en presencia de los comensales. Apoyamos la botella en la mesa (siempre se debe abrir apoyada en la mesa) y cortamos la cápsula por donde muestra la imagen, por debajo del anillo del gollete, para que de esta forma el vino no toque nunca la cápsula metálica. Los
sacacorchos suelen tener una pequeña navaja con un poco de sierra que es perfecta para hacer esta operación, y para ello, se debe intentar rodear la botella con el corta-cápsulas sin tener que girar mucho la botella.
En el tema de los sacacorchos, hay muchas variedades y mucho merchandising, pero el más eficaz es el de dos tiempos, como los que mostramos en la foto, porque tienen un primer apoyo más cercano, que nos permite sacar parte del corcho introduciendo el sacacorchos menos que con otros normales, así no agujereamos del todo el corcho y lo podemos extraer en dos tiempos de forma limpia.


Tras abrir la botella, limpiamos el gollete por si hubiera quedado algún trocito de corcho o incluso servimos un poco de vino en una copa que luego retiraremos para arrastrar los restos.
Entre las copas, tenemos varios tipos, casi siempre enfocadas a un tipo de vino determinado, con una regla general, las más estrechas para los blancos o cavas (éstas un poco más altas) y las más anchas para los tintos. En la imagen podéis ver los diferentes tipos de copa con sus variedades recomendadas.
En un siguiente capítulo seguiremos con la experiencia sensorial y hablaremos del brillo, la nitidez, y otros matices que podremos identificar, además de clasificar los vinos en función de la comida que acompañan para hacer un maridaje perfecto.
¡Que lo disfrutéis!