Nuestro Objetivo

Para todos aquellos que, como yo, no somos profesionales de este campo, sino que simplemente queremos disfrutar del vino perfecto para una comida especial, lo primero que hay que decir es: ánimo! Nadie nace con un olfato entrenado para distinguir un Merlot de un Cabernet Sauvignon, ni un Chardonnay de un Riesling; estas cualidades se aprenden con el tiempo y tras haber disfrutado de estos vinos muchas veces. Además, lo que a través de este Blog pretendemos es que aprendas a distinguir porqué a ti te gusta este vino y cómo distinguir esos aromas o sabores, en definitiva, sensaciones, que hacen que una comida pase de ser buena a excelente. No olvidemos que las sensaciones son muy particulares a cada persona, así que cuando alguno de los esnovinos (snobs del mundo del vino, que los hay, y muchos) nos diga “el Cabernet Sauvignon francés es el mejor vino que existe”, nosotros debemos saber porqué nos gusta ese vino para determinados momentos, o porqué nos gusta otro para otros momentos, y entonces estamos muy por delante en conocimiento y disfrute de esa persona que no ve más allá de sus narices, nunca mejor dicho.

 

Cena con burbujas

 

Si estamos eligiendo la comida con nuestro esnovino particular, en el momento que él, por supuesto, quiera elegir el vino y elija un conocido Cabernet Sauvignon a 60 euros la botella, nosotros elegimos la comida y pedimos una ensalada de canónigos, rúcula y queso de cabra y de segundo, pato asado, y mientras vemos la cara que pone él cuando se da cuenta que ese vino parece que está picado, nosotros para el primer plato pedimos una copa de Chardonnay (a 20 euros la botella), para el segundo un Merlot y disfrutaremos la comida mucho más que nuestro compañero, eso sí, la botella de vino que ha pedido que se la pague él.

Otro tema muy controvertido es el de las famosas listas de clasificación de vinos; por favor, que nadie pague 100 euros por una botella de vino sólo porque Robert Parker lo puntúa con un 95; si sabemos distinguir porqué nos gusta por ejemplo, un Pinot Noir, entonces podemos dejarnos guiar por un experto para seleccionar un buen Pinot Noir de California, pero no podemos dejar que alguien nos imponga sus gustos y preferencias, porque casi con toda seguridad, acabaremos pagando más de lo necesario.

Cuando llevas un tiempo entrenándote para apreciar los vinos, pocas cosas habrá a nuestro alcance en gastronomía, más gratificantes que el amplísimo análisis sensorial que puedes hacer para diseccionar un vino: un leve aroma a frutas del bosque, a alguien le puede recordar a las vacaciones de verano cuando salía con los amigos de expedición al bosque y comían zarzamoras, un matiz de madera, puede recordarnos ese baúl de roble antiguo de nuestros abuelos; aromas tan dispares como melocotón, pimiento, vainilla, etc… podremos apreciar simplemente si nos acostumbramos a disfrutar un vino con tranquilidad, deteniéndonos a identificar esos aromas. Luego nos fijaremos en cómo pasa el vino por la boca y qué sensaciones nos transmite en en el momento inicial en los “sensores”  de la lengua y al final cuando determinados aromas vuelven desde el final de la boca a la nariz, lo que se llama el retrogusto. Y por supuesto, en todo momento, viendo cómo caen las lágrimas por el borde de la copa y tratando de distinguir el color exacto de ese vino que estamos disfrutando y que nos dice mucho sobre su edad, el proceso que ha seguido hasta la botella, la variedad de uva y más cosas que iremos aprendiendo.

Pues bien, ahora imaginad que todo este proceso sensorial, sabemos emparejarlo con los platos que más acompañan en cada momento y cada situación, y sabemos qué vinos y qué platos emparejar para una comida formal de trabajo, para una cena divertida con amigos o para algo más íntimo y cálido o atrevido y picante con la pareja.

Desde este Rincón del Gourmet trataremos de acompañaros en el apasionante viaje de aprender a disfrutar de nuestro paladar, porque lo más importante no es el fin del camino, sino el camino en sí, donde haremos muchas paradas para probar, probar y probar, experimentar nuevas sensaciones, aprender qué es lo que nos gusta y en definitiva, aprovechar al máximo estos pequeños placeres que nos da la vida.

¿Me acompañas?
Aitor.